Uncategorized

AGRESIÓN A LESBIANA DETENIDA EN LA PRISIÓN DE JAMUNDÍ, VALLE DEL CAUCA (COLOMBIA)

El Equipo Jurídico Pueblos, comparte la siguiente denuncia realizada por La Corporación Humanas – Centro Regional de Derechos Humanos y Justicia de Género

El día 23 de enero de 2018, Astrid Elena Soto Londoño, presa hace 8 años, y actualmente recluida en el Complejo Carcelario y Penitenciario de Jamundí -COJAM-, se trasladó de la celda que ocupada, donde estaba siendo objeto de permanentes hurtos, hacia otra celda donde dos de sus compañeras (las que habitan en esta celda) la habían aceptado, y luego de haber realizado las solicitudes formales a las funcionarias del INPEC, aunque aún sin recibir respuesta. Cuando a la hora del encierro, aproximadamente a las 4:00 pm, fue a esta celda, no hubo ningún problema. Cuando ya dormía, a las 8:00pm, entraron a una nueva mujer presa a esta celda y las dragoneantes le pidieron a Astrid que le dejara el planchón en el que estaba, a lo que ella accedió cambiándose de planchón (estas celdas de 3 x 3 metros tienen 4 planchones en cemento).

Aproximadamente a las 11:00pm, llegan 5 ó 6 dragoneantes, de las cuales Astrid Soto logra identificar a las siguientes:

1- Distinguida Dayana Aguilar
2- Dragoneante Laura Velasco
3- Dragoneante Carolina Estrada
4- Dragoneante Amanda
5- Sargento  Gallo, quien celebra ceremonias religiosas cristianas en el patio

Astrid dormía y ellas llegan en actitud amenazante, por lo que Astrid siente miedo y toma un palo de los que hay en las celdas para improvisar cortinas, para las escobas y demás necesidades de este tipo, y lo golpea contra la pared. Con el tiempo que esto le da para entender que está pasando, se calma, las dragoneantes entran y ella NO las agrede, sólo responde con palabras pues no entiende por qué van a sacarla así en la noche. Ellas entran, la agarran, la insultan con palabras como gonorrea, y la esposan de pies y manos, apretando en exceso los grilletes, lastimándole muñecas y tobillos. La sacan arrastrada de los brazos, la dragoneante Laura Velasco la empieza a golpear con su puños en la cabeza y una vez afuera la distinguida le grita y la golpea con puños y patadas, también le pisaba los pies con fuerza. Estando Astrid en el piso, la Distinguida Dayana Aguilar apoya la punta de su tonfa (arma contundente de dotación) contra el pecho de Astrid, en la zona del corazón, haciendo presión con el peso de su cuerpo.

Las mujeres presentes, bajo la mirada del sargento, la golpean mientras se encuentra esposada. También le dice la distinguida que “al menos a mi me gustan las vergas, no como a usted”, lo que denota la lesbofobia presente. La dejan en una zona conocida como el rastrillo, que al parecer es una especie de corredor entre rejas en donde entra mucho viento, pues aunque hay techo no hay paredes. Allí permanece esposada de ambas manos a una reja sin poder sentarse, estando descalza, con una pijama ligera. Hay que tener en cuenta que era media noche o más y hacía frío con el viento. Además Astrid estuvo expuesto a las picaduras de los zancudos que son numerosos en esta zona pues la cárcel está rodeada de cultivos de arroz.

Al rato llega una enferma supuestamente a hacer la revisión médica, pero Astrid se niega pues está oscuro, no se puede ver nada, ella no es médica ni tiene implementos, y esa no es sanidad.

Permanece allí por lo menos una hora y media cuando otro grupo diferente de dragoneantes llega la sueltan de la reja y le dan la opción de quedarse durmiendo allí en una colchoneta y con una cobija o de ir a alguna de las celdas que le indican. Ella decide ir a una de las celdas y allí pasa el resto de la noche, sin sus cosas, solo con la colchoneta y una pequeña cobija, por lo que no logra descansar, además que no recibió nada para el dolor de la golpiza ni ningún tipo de atención médica.

Astrid Soto presenta, hasta donde se ha podido saber: muñecas y tobillos lastimados, varios golpes visibles en la espalda que le generan bastante dolor, algunos hematomas en la cabeza, dolor en la zona del pecho mencionado, en las costillas o músculos intercostales, y además, por supuesto, las lesiones morales y en su dignidad, y el temor a ser agredida nuevamente.

Y lo más importante es que este no es el único caso. Hay otros que es importante visibilizar, porque no puede permitirse que el abuso y el maltrato sea una constante en las prisiones colombianas, y especialmente que las lesbianas sean las mujeres que constantemente reciban allí las más brutales agresiones.

You may also like...