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REALIDAD DE LA POLÍTICA CRIMINAL EN COLOMBIA

Por: Equipo Jurídico Pueblos

La Política criminal ha generado graves consecuencias para la dignidad de la gente que se encuentran en prisión. La Corte Constitucional ha indicado que en los centros de reclusión se violan los derechos humanos de forma sistemática, ordenando a las distintas entidades del Estado adoptar medidas eficaces para poner fin a lo que denominó como un estado de cosas inconstitucional. Las Sentencias T-388 de 2013 y T-762 de 2015 dan cuenta de las consideraciones y disposiciones del alto tribunal.

Aun así los avances son insuficientes en algunos aspectos y nulos en otros. La realidad carcelaria sigue siendo desastrosa. A continuación se da a conocer un serie de entrevistas tanto a  hombres como a mujeres que se encuentran en las cárceles de Colombia, en las que sacan a la luz publica el incumplimiento de las Sentencias de la Corte, generando un ambiente indigno para la población reclusa y  sus familiares.

Las reflexiones que se siguen, producto de las discusiones colectivos de distintos colectivos de presos en el complejo penitenciario de Jamundí, el complejo penitenciario de Bogotá – La Picota y la Reclusión de mujeres de Bogotá, se basan sobre las preguntas enviadas por nuestro equipo de comunicaciones: ¿Cual es el  impacto de la crisis carcelaria sobre la dignidad humana y otros derechos de la población reclusa? / Desde la nueva declaratoria del estado de cosas inconstitucional de la Corte Constitucional en las Sentencias T-388/2013 y T-762/2015,  ustedes como protagonista o víctimas de esta realidad ¿consideran que se ha avanzado en el mejoramiento de la situación de los presos y detenidas de Colombia? / EJP. ¿Cómo perviven las mujeres en reclusión la política criminal y la situación carcelaria en particular? / EJP- ¿Cómo afecta la situación carcelaria a las y los familiares, amigos  y visitantes de los presos, en particular a las mujeres?

Complejo Carcelario y Penitenciario de Jamundí – COJAM

El impacto a nosotros como población reclusa no es un secreto. La situación es conocida por toda la institucionalidad, en particular los órganos de control. La procuraduría general, la Defensoría, también la Cruz Roja internacional han ingresado a las cárceles, a escuchar y anotar las injusticias, las vulneraciones de nuestros derechos como personas privadas de la libertad,  por ejemplo: la salud, alimentación, privacidad, integridad física y moral, pero todo sigue igual y esto genera un impactó psicológico y físico, porque no nos están tratando dignamente.

Todo se ha convertido en un negocio redondo y más aún para beneficio propio de los que están en el poder.

El sistema penitenciario es mediocre administrativamente y esto para un interno es un impacto a la dignidad gravísimo y una problemática sin solución, tanto para la población carcelaria en general como para los familiares de los internos. El énfasis de todo es la corrupción.

Hemos estudiado las Sentencias de tutelas T-388/2013 y T-762/2015 y desde nuestro punto de esta declaratoria de estado de cosas inconstitucional impacta, porque es una luz a nuestra problemática.

Nosotros las personas privadas de la libertad nos damos cuenta y vivimos en carne propia la cruda realidad, y ésta sigue igual o peor aún después de las Sentencias, no ha existido mejoramiento de las condiciones de reclusión ni al tratamiento hacia nosotros y nuestras familias.

La política criminal y la situación carcelaria en particular que perciben las mujeres en reclusión son las mismas o peores a las que padecemos nosotros los hombres privados de la libertad. Ellas sufren igual o peor, todo por la sencilla razón de que muchas son madres cabezas de hogar. Afuera les toca hacer uso de mecanismos para poder proveer dinero para la alimentación de sus hijos y muchas veces deben utilizar una de las vías más rápidas que es “la venta de drogas” o sustancias psicoactivas, por la cual suelen a llegar a una prisión. Aquí adentro ellas no tienen quién les brinde el apoyo económico para sus hijos y para el sustento de ellas en prisión, porque sí no tenían un trabajo digno estando libres, peor ahora privadas de la libertad donde vinieron a purgar una condena por tratar de sobrevivir; aun así siguen teniendo a cargo a otras personas por las que deben velar.

La situación carcelaria afecta muchísimo a nuestros familiares y amigos visitantes en todos los aspectos, en particular a las mujeres en la parte psicológica, mental, física y emocional, por los tratos crueles y degradantes por parte del cuerpo de custodia y vigilancia.

En varios establecimientos tienen que trasnochar desde las 2 o 3 de la madrugada para alcanzar una ficha para poder entrar a ver su familiar aguantando lluvia, sol, lo que sea, para llegar al patio de visita, donde el interno no poder brindarles nada porque en el expendido no les venden nada de productos alimenticios, por la corrupción en la parte de suministrar los productos que nos deben vender.

También, como podemos ver, no hay un lugar adecuado para que los visitantes puedan estar sí está lloviendo o sí está haciendo sol. Luego de esto viene lo peor de todo: el sometimiento a la requisa, la cual no es digna y respetuosa para nuestras visitas en especial las mujeres.

Así como estos puntos hay infinidades de cosas las cuales vulneran tanto a nuestros familiares como a nosotros.

Complejo penitenciario de Bogotá – La Picota

Las cárceles y penitenciaria están en un estado de cosas que han convertido en un verdadero deposito de personas, en lugar de estar encaminado a la preparación para la vida en libertad, esta grave afectación constituye una grave amenaza para la igualdad y el principio de dignidad humana.

Es notorio que tenemos jurisprudencia constitucionales desde el año 1998 como es la sentencia T-153, luego la T-388 del 2013 y la T-762 del 2015, que vienen a defender lo derechos de las personas privadas en libertad ahora después de 20 años. Todo lo que la corte obliga a cumplir por parte de las instituciones no se ha materializado, ya que continúan las cárceles en situación de hacinamiento, violaciones de los derechos humanos, falencia en los servicios de salud, entre otros. Al parecer el sistema de justicia en lugar de pensar en alternativas para cambiar la normativa de penas, solo piensan en construir cárceles que van a darle continuidad a la violación de los derechos de las personas privada en de la libertad.

En estos centros penitenciarios -respecto a los cuales los funcionarios se llenan diciendo que son nuevos y novedosos y que cumplen con todos los requisitos para que las personas que purgan sus penas- son en realidad diseñados sólo para castigar de manera indigna. Aquí no poseemos instalaciones idóneas para tomar sol, recibir la visita de una manera respetuosa, los sitios donde comemos son muy limitados a eso hay que agregarle que la alimentación no es nada agradable, con este breve resumen.

Hacemos énfasis en que las sentencias T- 388 del 2013 y la T- 762 del 2015 solo están escritas en papel por que nuca han sido materializadas por parte de las instituciones

Reclusión de mujeres El Buen Pastor

Es difícil establecer el impacto de las sentencias en el mejoramiento de las problemáticas carcelarias y violación de derechos. Las condiciones han mejorado un poco, sobre todo con el acondicionamiento de las instalaciones; sin embargo, el hacinamiento, la alimentación y salud continúan precarias.

El estado de cosos constitucional persiste, no solo por que el hacinamiento aun se da sobre todo en algunos establecimientos y en patios de los mismos, la indignidad se ve en la salud, alimentación, las condiciones en las que se vive en una celda, los baños, el agua, el maltrato de la guardia a internos y estos último no es algo que se solucione con la construcción de más cárceles .

Partiendo de una política criminal basada en populismo positivo y que criminaliza la pobreza, la situación carcelaria atraviesa por algunos aspectos comunes tanto para nosotras como para los hombres y pero también hay otros particulares a nuestro género.
Por lado es evidente la eficiencia en relación a delitos que no son de cuello blanco, por ejemplo en la cárcel el buen pastor el patio de funcionarios públicos tiene de 15 a 20 internas y en la cárcel somos 1800 mujeres aproximadamente.

En algunos patios hay hacinamiento lo que implica tener 4 o 5 personas en una celda de 2.150 mts, para el baño toca desde las 3:00 am, dificultad para tener un cupo en sanidad, pues son 30 cupos en un patio de 400 a 500 una vez a la sencilla, entre otras.

Y por otro hay una precaria atención en salud sexual y reproductiva. En una cárcel de mujeres, no hay un ginecólogo, hay mujeres en gestación a las que nunca se les hace una ecografía, no hay cupos para muchos bebes en el jardín y se tienen que quedar con un familiar o en el ICBF por que no hay cupo, tratos inhumanos para en desplazamientos para visitas intimas, requisas introspectivas, vulgar, grabadas…

Todas las filas y filtros a los que se somete un familiar durante la visita son indignantes y agotadores y en ocasiones el amor no alcanza para soportar el trajín 1, 2, 3 años.

Una de las mas grandes dificultades es el desarraigo de la mujer con sus familias, de sus hijos, nosotras no solo somos fuente de vida si no que además tenemos la capacidad de ser el eje de nuestros seres afectivos.

Cuando se aleja a la mujer de la familia, de sus hijos, las posibilidades de trasladarse a un centro penitenciario distante es muy costoso.

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